La cojera de una pata trasera en perros suele indicar dolor o molestia en huesos, articulaciones, músculos, ligamentos o nervios. Puede aparecer de forma súbita o progresiva y durar minutos o volverse crónica. Identificar la causa rápidamente ayuda a evitar daños permanentes y a aliviar el dolor de tu mascota.
Una de las causas más frecuentes es la lesión de ligamento cruzado craneal, la famosa “lesión de futbolista”. Ocurre cuando el perro hace un giro brusco o un salto y el ligamento dentro de la rodilla se rompe o se estira demasiado. El animal de repente apoya poco o nada la pata, mantiene la rodilla semiflexionada y, muchas veces, el área se inflama. Estudios citados por el Manual Veterinario Merck señalan que estas lesiones son una de las principales causas de cirugía ortopédica en perros de tamaño mediano y grande.
Otra causa muy habitual es la luxación de rótula. En este caso, la “rodilla” se sale de su sitio momentáneamente. Suele verse en perros pequeños como Poodle, Yorkshire o Pomerania. Un signo típico es que el perro corre normal, de repente levanta la pata unos pasos y luego vuelve a caminar sin problema. Aunque muchas luxaciones son leves, con el tiempo pueden desgastar la articulación y requerir tratamiento especializado.
En perros jóvenes de razas grandes, la displasia de cadera es una preocupación importante. Es un problema de desarrollo en la articulación de la cadera que provoca que no encaje bien, causando dolor y cojera. Un perro con displasia suele evitar saltar, le cuesta levantarse y, en ocasiones, mueve las patas traseras “como de conejo” al trotar. Según datos recopilados por la Orthopedic Foundation for Animals, ciertas razas como el Pastor Alemán, Labrador y Golden Retriever muestran mayor predisposición.
No hay que olvidar los dolores musculares por esfuerzo, que aparecen después de juegos intensos, carreras o caminatas largas en perros poco entrenados. El animal puede amanecer cojo, con músculos rígidos y sensibles al tacto, pero mejora en uno o dos días con reposo. También son frecuentes los esguinces y pequeños traumatismos, por caídas o saltos fallidos.
En perros adultos mayores, la artrosis es una causa clave. Se trata del desgaste progresivo del cartílago articular. Estos perros cojean más al iniciar el movimiento, por ejemplo, al levantarse por la mañana, y luego “entran en calor” y caminan mejor. Pueden evitar subir escaleras, saltar al sofá o subirse al auto.
Por último, aunque menos común, la cojera también puede deberse a problemas neurológicos, fracturas, infecciones en hueso (osteomielitis) o tumores óseos. Por eso, si la cojera no mejora o empeora, es fundamental una revisión ortopédica completa.
Determinar si la cojera en la pata trasera de tu perro es una urgencia depende de la intensidad del dolor, la duración y otros signos acompañantes. En general, se considera urgente cuando la cojera aparece de forma súbita, es muy dolorosa o el perro deja de apoyar totalmente la extremidad afectada.
Una señal clara de alarma es cuando el perro llora, gime o intenta morder cuando tocas la pata. También si mantiene la extremidad completamente levantada, sin apoyar ni siquiera la punta del dedo, o si la pata está en una posición extraña. La presencia de deformidades visibles, como angulaciones anormales, sugiere luxaciones o fracturas que requieren atención inmediata.
Debes observar si hay inflamación marcada, aumento de temperatura o enrojecimiento. Estos signos pueden indicar un traumatismo fuerte, una infección o una rotura de ligamentos. En cachorros, una cojera persistente junto con fiebre, decaimiento o falta de apetito puede relacionarse con enfermedades de crecimiento que necesitan un diagnóstico rápido.
Otro punto clave es valorar el estado general del perro. Si, además de cojear, está muy quieto, respira rápido, tiene encías pálidas o está desorientado, podría tratarse de un problema más grave que afecta a su salud global. El Manual Merck insiste en que la cojera es un síntoma, no un diagnóstico, y que siempre debe interpretarse dentro del cuadro clínico completo.
Existen también situaciones que, sin ser emergencias vitales, ameritan consulta en las próximas horas o días. Por ejemplo, una cojera leve que dura más de 24–48 horas, que mejora pero vuelve a aparecer al hacer ejercicio, o que se repite con frecuencia en la misma pata. Estos casos pueden esconder lesiones de ligamentos, problemas de rótula o inicios de artrosis.
En cambio, si la cojera es muy intermitente, sin dolor al tocar, no hay inflamación y el perro se comporta normal, puedes observarlo brevemente, siempre que no haya habido un traumatismo evidente. Aun así, si la cojera se repite, lo prudente es agendar una valoración ortopédica programada para descartar problemas crónicos.
Como regla práctica, considera urgencia si: la cojera aparece tras un golpe fuerte o atropello, el perro no puede apoyar la pata, hay herida abierta profunda, sangrado abundante, dolor intenso o afectación del estado general. Ante la duda, es preferible consultar de inmediato en una clínica con servicio de urgencias 24 horas.
Cuando notes que tu perro cojea de una pata trasera, lo primero es mantener la calma y limitar su movimiento. Evita que corra, salte o suba escaleras. Llévalo a un espacio pequeño y tranquilo, con el piso antideslizante, para reducir el riesgo de empeorar la lesión. No apliques remedios caseros extremos ni vendas muy apretadas sin saber exactamente qué ocurre.
Revisa con cuidado la pata desde las uñas hasta la cadera. Busca cuerpos extraños entre los dedos, heridas, cortes, uñas rotas o almohadillas agrietadas. En muchos casos, una espina o vidrio en la almohadilla explica la cojera. Si encuentras un objeto superficial y pequeño, puedes retirarlo con cuidado y lavar con solución salina o agua tibia limpia. Si la herida es profunda, sangra mucho o el cuerpo extraño está incrustado, no lo extraigas y acude de inmediato al veterinario.
Puedes aplicar frío local (una bolsa de gel frío envuelta en una toalla) durante 5–10 minutos varias veces al día en los dos primeros días, sobre todo en golpes o esguinces leves. El frío ayuda a disminuir la inflamación y el dolor. Nunca apliques hielo directamente sobre la piel. No uses medicamentos humanos como ibuprofeno, diclofenaco o paracetamol sin indicación veterinaria; varios de ellos son tóxicos para los perros.
Es útil observar y anotar cuándo empezó la cojera, si apareció tras un juego, caída o paseo, y si ha empeorado o mejorado. Esta información será muy valiosa para el equipo veterinario. En la consulta, es probable que realicen un examen ortopédico completo, pruebas de movilidad articular y, en muchos casos, radiografías o estudios de imagen complementarios.
Debes acudir al veterinario de inmediato si tu perro no apoya la pata, tiene dolor intenso, hay fractura sospechosa, luxación evidente, herida profunda o signos generales como fiebre, apatía o falta de apetito. Incluso en cojeras moderadas, una revisión temprana puede evitar que una lesión tratable termine en artrosis crónica. Fuentes como ExpertoAnimal destacan la importancia de no “esperar a ver” durante semanas.
En resumen, cualquier cojera que dure más de 24–48 horas, que se repita o que limite las actividades normales de tu perro merece una consulta veterinaria. Un manejo profesional, unido a tu observación en casa, es la mejor combinación para que tu compañero recupere su movilidad y calidad de vida lo antes posible.