La coprofagia es el término técnico para el comportamiento en el que un perro se come heces (propias o de otros). Aunque nos parezca desagradable, no siempre es un mal hábito; puede tener razones físicas o emocionales detrás.
Razones por las que un perro se come sus heces
Exploración y curiosidad
Los cachorros usan la boca para conocer el mundo, por eso pueden probar su popó o el de otros. En muchos casos esto disminuye con el tiempo a medida que crecen.
Instinto natural
Los ancestros de los perros, como los lobos, a veces consumían heces frescas para mantener el área de descanso limpia y libre de parásitos. Este instinto puede seguir presente.
Aburrimiento o ansiedad
Un perro que no tiene suficiente juego, ejercicio o estímulo mental puede empezar a comer popó por frustración o estrés.
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Llamar la atención
Si un perro percibe que comer heces provoca una reacción de su dueño (aunque sea regañarlo), puede repetir el comportamiento para llamar la atención.
Hambre o mala absorción
Algunas enfermedades (como insuficiencia pancreática, hipotiroidismo o diabetes) o una mala digestión pueden hacer que parte de los nutrientes salgan en las heces. El perro puede intentar “recuperarlos” comiendo su popó.
Maternidad
Las madres a menudo comen las heces de sus cachorros para mantener el nido limpio y estimularlos. Esto puede ocurrir incluso después del destete.
¿Es normal o un problema de salud?
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Puede ser normal en cachorros o madres, pero si aparece de repente en un perro adulto o es muy frecuente, puede indicar un problema médico, nutricional o emocional.
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Comer heces puede exponer al perro a bacterias, parásitos y otros patógenos.
Si esta conducta se mantiene o te preocupa, lo mejor es consultar a tu médico veterinario para descartar causas subyacentes.

